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Ciencia ficciòn colombiana

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El juicio de la màquina

Frìa, insensible, inhumana estaba ahì la Computadora, empotrada al piso del edificio, haciendo sus càlculos ante la mirada de los Jurados, del Reo y del pùblico asistente a la Audiencia en la cual se juzgaba al hombre por un supuesto delito...

(...) UNIVAC, que tal era el nombre del monstruo metàlico, se habìa convertido en el centro de las miradas de aquèl Juicio donde se jusgaba la suerte del acusado. Este, presa del nerviosismo. miraba ora al Jurado de hombres como èl, ora al inmenso Robot como tratàndo de influir en la apreciaciòn de ambos sobre la definiciòn de su caso.

(...)Aquel Armatoste pensaba con una rapidez deslumbrante y elaboraba en su cerebro de cables todas las conjeturas y establecìa las posibilidades que podrìan presentarse para bien o para mal de aquel hombre que estaba en tela de juicio. Era una lucha positiva entre el hombre y la màquina.

(...) Cada uno de los jurados de conciencia fue dictando su sentencia. Sòlo faltaba el pronunciamiento de UNIVAC.

(...)

Cuando ya iba a dictar su fallo, comenzò a salir humo por su cerebro de acero; la màquina habìa hecho un esfuerzo descomunal y se habài fundido. El acusado fue condenado a muerte por un voto.

Jorge Eduardo Velez Arango.

Inventario de sueños.

Editorial Rodrigo Ltda, Manizales, 1983.

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