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barad-dur

Trasgos

Trasgos

(...) Por alguna razón, Bilbo no pudo dormirse hasta muy tarde (...). Soñó que una grieta en la pared del fondo de la cueva se agrandaba (...)

En ese momento despertó con un horrible sobresalto y se encontró con que parte del sueño era verdad. Una grieta se había abierto al fondo de la cueva y era ya un pasadizo ancho (...) Por supuesto, lanzó un chillido estridente. (...)

 Afuera saltaron los trasgos, trasgos grandes, trasgos enormes de cara fea (..); y los apresaron a todos y los llevaron por la hendedura, (...)

Pero no a Gandalf. (...) Cuando los trasgos iban a ponerle las manos encima, hubo un destello terrorífico como un relámpago en la cueva, un olor como de pólvora, y varios cayeron muertos.

La grieta se cerró de golpe ¡ y Bilbo y los enanos estaban en el lado equivocado!

J R R Tolkien

El Hobbit.

Elrond

Y así llegaron por fin a la Ultima Morada y encontraron las puertas abiertas de par en par (…)

El dueño de la casa era amigo de los elfos, una de esas gentes cuyos padres aparecen en cuentos extraños, anteriores al principio de la historia misma, las guerras de los trasgos malvados y los elfos, y los primeros hombres del Norte (…)  Elrond, era el dueño de casa, era el jefe de todos ellos. Era tan noble y de facciones tan hermosas como un señor de los elfos, fuerte como un guerrero, sabio como un mago, venerable como un rey de los enanos, y benévolo como el estío.


J R R Tolkien

El Hobbit

Elfos

Eran elfos, desde luego. Pronto Bilbo empezó a distinguirlos, a medida que aumentaba la oscuridad. Le gustaban los elfos (...), pero al mismo tiempo lo asustaban un poco. Los enanos no se llevaban bien con aquellas criaturas, pensaban que los elfos eran tontos (un pensamineto muy tonto, por cierto), o se enfadaban con ellos. Pues algunos elfos les tomaban el pelo y se reían de los enanos, y sobre todo de sus barbas. (...)

 

Los elfos saben mucho y es asombroso cómo están enterado de lo que ocurre entre las gentes de la tierra, pues las noticias corren entre ellos ten rápidas como el agua de un río, o tal vez más.

J R R Tolkien

El Hobbit.

La Montaña Solitaria de Oriente

-¿Es aquella la Montaña?- preguntó Bilbo (...)

-¡Desde luego que no!- dijo Balin-. Esto es sólo el preincipio de las Montañas Nubladas, tenemos que cruzarlas de algún modo, por encima o por debajo, antes de que podamos internarnos en las Tierras Asperas de más  allá. Y aún queda un largo camino desde el otro lado hasta la Montaña Solitaria de Oriente en la que Smaug yace tendido sobre el tesoro.

J R R Tolkien.

El Hobbit.

Gandalf

-¿Dónde has ido, si puedo preguntártelo?- dijo Thorin a Gandalf mientras cabalgaban.

-A mirar adelante- respondió Gandalf.

-¿Y qué te hizo volver en el momento preciso?

-Mirar hacia atrás.

J R R Tolkien.

El Hobbit

Las Montañas Nubladas

Gandalf encabezaba ahora la marcha.

-(...) Es muy importante internarse en las Montañas Nubladas por el sendero apropiado, o de lo contrario os perderèis y tendrèis que volver a empezar de nuevo por el principio ( si llegàis a volver). (...) Habèis llegado a los lìmites mismos de las tierras salvajes (...)

Oculto en algùn lugar delante de nosotros està el hermosos valle de Rivendel, donde vive Elrond en la Ùltima Morada.

J R R Tolkien.

El Hobbit.

Trolls

-¡Que el amanecer caiga sobre todos y que sea piedra para vosotros!- dijo una voz (...) En ese preciso instante, la aurora apareció sobre la colina y hubo un bullicioso gorjeo en la enramada. Guille ya no dijo nada más, pues se convrtió en piedra mientras se encorvaba, y Berto y Tom se quedaron inmóviles como rocas cuando lo miraron.

Y allí están hasta nuestros días, solos (...); pues los trolls (...) tienen que estar bajo tierra antes del alba, o vuelven a  la materia montañosa de la que están hechos, y nunca más se mueven. Esto fue lo que ocurrió a Berto, Tom y Guille.

J R R Tolkien.

El Hobbit

El dragòn y los enanos

-¡Oh,muy bien- dijo Thorin- Hace mucho, en tiempos de mi abuelo Thror, nuestra familia fue expulsada del lejano Norte y vino con todos sus bienes y herramientas a esta Montaña del mapa (...) abirieron túneles y construyeron galerías y talleres más grandes... y creo además que encontraron gran cantidad de oro y piedras preciosas. De cualquier modo se hicieron inmensamente ricos, (...)

Sin duda eso fue lo que atrajo al dragón. Los dragones, sabéis, roban oro y joyas a los hombres, elfos y enanos dondequiera que puedan encontrarlos, y guardan el botín mientras vivan (lo que en la práctica es para siempre, a menos que los maten), y ni siquiera disfrutan de un anillo de hojalata. En realidad apenas distinguen una pieza buena  de una mala. (...) Había un gusano que era muy ambicioso, fuerte y malvado, llamado Smaug. Un día echó a volar y llegó al Sur. (...) Después de eso no quedó enano vivo dentro, y el dragón se apoderó de todas las riquezas. Quizás, pues es costumbre entre los dragones, haya apilado todo en un gran montón muy adentro y duerma sobre el tesoro, utilizándolo como cama.

El Hobbitt

J R R Tolkien.

Hobbit

Pero ¿qué es un hobbit? Supongo que los hobbits necesitan hoy que se los describa de algún modo, ya que se volvieron bastante raros y tímidos con la Gente Grande, como nos llaman. Son (o fueron) gente menuda de la mitad de nuestra talla, y más pequeños que los enanos barbados. Los hobbits no tienen barba. Hay poca o ninguna magia en ellos, excepto esa común y cotidiana que los ayuda a desaparecer en silencio y rápidamente, cuando gente grande y estúpida como vosotros o yo se acerca sin mirar por dónde va, con un ruido de elefantes que puede oírse a una milla de distancia. Tienden a ser gruesos de vientre; visten de colores brillantes (sobre todo verde y amarillo); no usan zapatos, porque en los pies tienen suelas naturales de piel y un pelo espeso y tibio de color castaño, como el que les crece en la cabeza (que es rizado); los dedos son largos, mañosos y morenos, los rostros afables, y se ríen con profundas y jugosas risas (especialmente después de cenar, lo que hacen dos veces al día, cuando pueden).


J. R. R. Tolkien

La casa del Hobbit

En un agujero en el suelo, vivía un hobbit. No un agujero húmedo, sucio, repugnante, con restos de gusanos y olor a fango, ni tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en que sentarse o que comer: era un agujero-hobbit, y eso significa comodidad.

Tenía una puerta redonda, perfecta como un ojo de buey, pintada de verde, con una manilla de bronce dorada y brillante, justo en el medio. La puerta se abría a un vestíbulo cilíndrico, como un túnel: un túnel muy cómodo, sin humos, con paredes revestidas de madera y suelos enlosados y alfombrados, provistos de sillas barnizadas, y montones y montones de perchas para sombreros y abrigos; el hobbit era aficionado a las visitas. El túnel se extendía serpeando, y penetraba bastante, pero no directamente, en la ladera de la colina —La Colina, como la llamaba toda la gente de muchas millas alrededor—, y muchas puertecitas redondas se abrían en él, primero a un lado y luego al otro. Nada de subir escaleras para el hobbit: dormitorios, cuartos de baño, bodegas, despensas (muchas), armarios (habitaciones enteras dedicadas a ropa), cocinas, comedores, se encontraban en la misma planta, y en verdad en el mismo pasillo. Las mejores habitaciones estaban todas a la izquierda de la puerta principal, pues eran las únicas que tenían ventanas, ventanas redondas, profundamente excavadas, que miraban al jardín y los prados de más allá, camino del río.

J. R. R. Tolkien

El Hobbit

Ciencia ficción colombiana

Los seguidores

(...)

Conocì a Gagarin en la calle.(...). Èl habìa instalado un telescopio en la acera.

-Vea a Fobos- me dijo-. Perderà pocos segundos.

(...) Yo no habìa visto el cielo. A diario està uno todo el tiempo bajo techos o mirando hacia adelante. De modo que vì a  Fobos minusculo en el cielo y me sentì maleable.

Dìas despuès me llevò a la azotea del Hotel Atlantico, entonces abandonado, donde se congregaban en las noches con los telescopios. El sabìa la posiciòn de los astros y cada vez nos los indicaba. Nosotros amanecìamos vindolos, invadidos de asombro, con la certidumbre de que el contenido del cielo no està ni arriba ni abajo y que se està alejando.

(...) Y nos multiplicabamos. (...) Pero siendo tantos se le dificultò a Gagarin mantener el control. Se presentaron riñas (...) Y luego comenzò a gestarse el malestar de un puñado contra Gagarin.

(...) Entonces ocurriò el percance. Uno de los detractores cayò arrojado desde la escalera entre los pisos doce y trece despuès de una rencilla. Y sus amigos acusaron a Gagarin de inspirador del homicidio e hicieron que lo arrestaran.

Muchos han vuelto a su modo de vida anterior. (...) Porque la detenciòn de Gagarin se difundiò por los noticieros y ahora nos echan de los edificios (...) O si nos descubren mirando nos quitan los telescopios y nos obligan a bajr y a dispersarnos.

Heider Rojas

Algeciras, Huila, 1963.

Supresiòn de las cartas

Ediciones indice, Santa Fe de Bogotà, 1999.

Monstruos y seres distintos

Los extraños -habitantes de una utopìa,monstruos o, sencillamente, seres distintos- son un espejo del hombre(...)

Pero ese espejo no solo refleja, sino que transforma y constituye una matriz virgen y una dìnamo alquìmica: el espejo es un crisol.

Darko Suvin.

Metàfora de la ciencia ficcion.

Fondo de cultura ecònomica, Mèxico,1984.

Ciencia ficción

Por tanto, no es sòlo la curiosidad humana y humanizadora bàsica lo que da nacimiento a la ciencia ficcion. Màs allà de una indagaciòn por nadie dirigida, causa de un juego semàntico sin referente claro, el gènero ha estado unido siempre a la esperanza de encontrar, en lo desconocido, el ambiente, la tribu, el estado, la inteligencia ideal o cualquier otro aspecto del Bien Supremo (o almiedo y el rechazo de su elemento opuesto). De todas maneras, se da por hecho la posibilidad de otros sistemas coordenados y campos semànticos extraños y covariantes.

Darko Suvin.

Una cruza

Una cruza
 
Tengo un animal curioso mitad gatito, mitad cordero. Es una herencia de mi padre. En mi poder se ha desarrollado del todo; antes era más cordero que gato. Ahora es mitad y mitad. Del gato tiene la cabeza y las uñas, del cordero el tamaño y la forma; de ambos los ojos, que son huraños y chispeantes, la piel suave y ajustada al cuerpo, los movimientos a la par saltarines y furtivos. Echado al sol, en el hueco de la ventana se hace un ovillo y ronronea; en el campo corre como loco y nadie lo alcanza. Dispara de los gatos y quiere atacar a los corderos. En las noches de luna su paseo favorito es la canaleta del tejado. No sabe maullar y abomina a los ratones. Horas y horas pasa al acecho ante el gallinero, pero jamás ha cometido un asesinato.

Lo alimento a leche; es lo que le sienta mejor. A grandes tragos sorbe la leche entre sus dientes de animal de presa. Naturalmente, es un gran espectáculo para los niños. La hora de visita es los domingos por la mañana. Me siento con el animal en las rodillas y me rodean todos los niños de la vecindad.

Se plantean entonces las más extraordinarias preguntas, que no puede contestar ningún ser humano. Por qué hay un solo animal así, por qué soy yo el poseedor y no otro, si antes ha habido un animal semejante y qué sucederá después de su muerte, si no se siente solo, por qué no tiene hijos, como se llama, etcétera.

No me tomo el trabajo de contestar: me limito a exhibir mi propiedad, sin mayores explicaciones. A veces las criaturas traen gatos; una vez llegaron a traer dos corderos. Contra sus esperanzas, no se produjeron escenas de reconocimiento. Los animales se miraron con mansedumbre desde sus ojos animales, y se aceptaron mutuamente como un hecho divino.

En mis rodillas el animal ignora el temor y el impulso de perseguir. Acurrucado contra mí es como se siente mejor. Se apega a la familia que lo ha criado. Esa fidelidad no es extraordinaria: es el recto instinto de un animal, que aunque tiene en la tierra innumerables lazos políticos, no tiene un solo consanguíneo, y para quien es sagrado el apoyo que ha encontrado en nosotros.

A veces tengo que reírme cuando resuella a mi alrededor, se me enreda entre las piernas y no quiere apartarse de mí. Como si no le bastara ser gato y cordero quiere también ser perro. Una vez —eso le acontece a cualquiera— yo no veía modo de salir de dificultades económicas, ya estaba por acabar con todo. Con esa idea me hamacaba en el sillón de mi cuarto, con el animal en las rodillas; se me ocurrió bajar los ojos y vi lágrimas que goteaban en sus grandes bigotes. ¿Eran suyas o mías? ¿Tiene este gato de alma de cordero el orgullo de un hombre? No he heredado mucho de mi padre, pero vale la pena cuidar este legado.

Tiene la inquietud de los dos, la del gato y la del cordero, aunque son muy distintas. Por eso le queda chico el pellejo. A veces salta al sillón, apoya las patas delanteras contra mi hombro y me acerca el hocico al oído. Es como si me hablara, y de hecho vuelve la cabeza y me mira deferente para observar el efecto de su comunicación. Para complacerlo hago como si lo hubiera entendido y muevo la cabeza. Salta entonces al suelo y brinca alrededor.

Tal vez la cuchilla del carnicero fuera la redención para este animal, pero él es una herencia y debo negársela. Por eso deberá esperar hasta que se le acabe el aliento, aunque a veces me mira con razonables ojos humanos, que me instigan al acto razonable.

Franz Kafka.

Tomado de www.letrasperdidas.galeon.com

Caín

Siento inclinaciòn hacia la herejìa de Caìn (...) . Dejo que mi hermano se vaya al diablo a su manera.

Robert Louis Stevenson.

El último hombre

El ùltimo hombre
Cuenta la leyenda que el ùltimo hombre bajò de su aparato mecànico, ahora inservible por falta de combustible, y  arrastrò su vida apagada hasta el mar, fuente de toda vida y respuesta y desde allì, postrado, clamò para que su Dios compareciera...

Dicen los charlatanes, alrededor de la hoguera, cuando la tribu se reùne despuès de comer a contar historias y a acicalarse, que el hombre no obtuvo respuesta, debido a que su dios se habìa desentendido de èl o lo habìa olvidado, quizàs porque el dios estaba senil o enfermo o tal vez porque estaba muerto.

Sin embargo,los sabios señalan que el hombre no consiguiò respuesta, simplemente porque Dios era èl y èl estaba con Dios, y que al morir el hombre Dios desapareciò con èl...

Bufòn.

Alienígenas


Si habìa alienìgenas en otros planetas de la galaxia, que se subieran a su propio cielo. Que no descubrieran la Tierra; que no se presentaran, pensò, ante los pueblos de la Tierra. Ya era bastante dìficil hallar sentido a la vida en una era alejada de la religiòn; cuanto màs dìficil si se supiera que habìa millares de planetas màs, abarrotados de seres vivos que, a semejanza de los humanos, se enfrentaban a la lucha cotidiana para sobrevivir...¿para què?

Brian Aldiss

Dràcula desencadenado.

Celeste ediciones, S.A.. Madrid, 2001.

El libro

El libro

Fustiguè los estantes de las bibliotecas pùblicas en busca de aquèl libro.

Desesperado, interroguè las vitrinas de las librerìas, aùn cuando presentìa que dicho volumen no estarìa en ellas, por no tratarse de un best sellers. Recorrì con ardor los puestos de los vendedores de libros de segunda, pero al parecer los dioses no me eran propicios en esta bùsqueda insensata.

Esa noche, soñè con el libro.

Al despertar, interroguè mis pàginas ajadas y encontrè un fragmento del libro en uno de mis poemas mal logrados; sorprendido, me mirè al espejo y hallè un parrafo completo reflejado en èl...

Quiera Dios que algùn dìa me estè dado leer el libro entero...

Bufòn.

La pared de pizarra

La pared de pizarra

En el otoño de 1868, en una mina carbonìfera cerca de Hammondsville, (...) un minero llamado James Parsons se encontraba trabajando relativamente cerca de la superficie. De pronto, cayò en el pozo una cantidad bastante considerable de carbòn, dejando al descubierto una pared de pizarra cubierta de inscripciones. (...)Algunos profesores advirtieron cierto parecido entre estas inscripciones y los jeroglìficos egipcios: teniendo en cuenta la edad de la veta carbonìfera, estas inscripciones databan por lo menos, de dos millones de años de años.
Las inscripciones se oxidaron tan aprisa que los expertos procedentes de las grandes ciudades americanas para examinarlas y descifrarlas no llegaron a tiempo para ello.

Jacques Bergier

Los extraterrestres en la historia

El mundo

Dios todavía no ha creado el mundo;sólo está imaginandolo, como entre sueños. Por eso el mundo es perfecto, pero confuso.

Augusto Monterroso