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Nòmadas

Nòmadas

Ellos siempre habìan sido nómadas y eso no había cambiado con el tiempo, pero ahora procuraban controlar los ìmpetus de sus desplazamientos desde que comprendieron que, algunas veces, sus abruptas irrupciones podìan generar cambios inverosìmiles en el planeta- o incluso en el sistema completo- de destino, con consecuencias imprevisibles, nefastas unas, otras un tanto desconcertantes, como la ocurrida en aquel planetoide azul, en el cual la fuerza de su arribo trastornò tanto el entorno que provocò la desapariciòn total de la especie dominante, seres instintivos pero de gran adaptabilidad, permitiendo la ascenciòn de una raza màs dèbil, menos resistente, pero poseedora de un vislumbre de conciencia que les permitiò sobrevivir.

Para algunos de Ellos este hecho era una perentoria advertencia.

Para otros, no era màs que una de esas ironìas de la naturaleza...

Bufòn

Los Restituyentes

Los Restituyentes
 
Cuando la antigua raza de los Restituyentes arribó a la Tierra, la visión de un mundo ferozmente destruido auguró pocas esperanzas de que valiera la pena restituir a la especie causante de tal devastación.

De todas maneras, más por meticulosidad en el trabajo que por convicción, se pusieron manos a la obra en su incansable labor de reconstruir vidas apagadas.

Era poco lo que quedaba, y estos fragmentos aislados rsultaban casi imposibles de situar dentro de una imagen general, que permitiera la comprensión de la extirpe desaparecida.

No obstante consiguieron arrebatarle a la muerte y al olvido parte del botín cosechado. Los primeros seres abocados a la recreación a partir del último instante antes de la destrucción, despertaban presas de la angustia, los ojos desorbitados, la boca podrida en alaridos. No tardaban en morir, víctimas de su propia desesperación.

Los Restituyentes se encontraron perplejos. Al parecer estos seres no tenían ninguna motivación para aferrarse. Pensaron que quizás en criaturas de fisilogía ten endeble, la aniquilación total debió resultar traumática, así que en los siguientes intentos los seres fueron recreados a partir de momentos más alejados del apocalipsis final. Pero los resultados fueron iguales. Los seres se eclipsaban hasta borrarse. Desconsolados, los Restituyentes estaban a punto de abandonar, cuando uno de Ellos descubrió material escrito. Se trataba de unos pocos folios apenas conservados. No fué díficil comprenderlos ya que las formas comunicativas del planeta habían estado vagando por el espacio durante mucho tiempo.

Las páginas ajadas hablaban de un sentimiento llamado amor, que instalaba al sujeto en la esperanza de la trascendencia, del rompimiento de los límites individuales para unirse en uno con el objeto de su amor, trasgrediendo dimensiones de espacio y tiempo.

Dada que la suya era una sociedad más que todo científica y tecnológica, un entendimiento como este era para Ellos no sólo extraño sino además tentador.

De vuelta al trabajo, restituyeron a todos los seres encontrados alrededor del del punto en que fueron hallados los documentos y,una vez despiertos, interrogados al respecto. Nadie parecía saber nada y se marchitaban sin ganas de luchar.

No obstante, al fin encontraron a un hombre que pareció interesado. Los Restituyentes le mostraron las hojas de papel para que revelara su significado.

Él las miró extraviado...

-Lo que tienen aquí-explicó- no son una muestra de escrituras sagradas ni legislaciones ni novelizaciones que regían nuestras vidas... Esto ahora lo recuerdo, son cartas devueltas que envié a una joven a la que juré amar toda la vida, pero a la que abandoné causandole un gran dolor...

El ser no dijo nada más y languideció hasta extinguirse.

Los Restituyentes regresaron a sus naves, decepcionados de que, una vez más, habían sido burlados en sus intenciones...

Bufón

29-10-05/17-04-07

Refugio

Refugio

Refugio
 
Durante muchos años de fatigar las bibliotecas del mundo, Abdul Assir habìa conocido todo tipo de libros: volùmenes que eran ventanas a otras vidas, hermosos papiros que al ser revelados en sus pàginas reflejaban el rostro -y tal vez el alma- del lector que se abismaba en ellos; habìa oìdo hablar de tablillas de barro y estelas de piedra que podìan conducir al lector a la presencia directa de la divinidad, e inscripciones en templos antiguos que era mejor no leer para no correr el riesgo de precipitar el fin de la creaciòn.

Incluso, alguna vez razonò que el universo entero podrìa ser un libro -infinito e ubicuo, rasgos no ajudicables a un libro humano-, en el que sòlo Dios podìa leer...

Pero nunca habìa visto un libro que fuera un refugio. Y mucho menos que se tratara de un tomo tan prosaico - un best-sellers de segunda mano- ,donde el joven lector se abstraìa de tal manera, que durante horas el mundo y su sordida realidad desaparecieran y el dolor ya no pudiera alcanzarlo...

Bufòn.

Revelaciòn.

                           "...Crushed like a

                            bug in the ground..."

                            Radiohead.

La noche antes de morir, escondido bajo el sillòn, sobre el suelo polvoriento, con la manzana podrida clavada en el costado y las paas inservibles llenas de motas de suciedad, Gregor Samsa comprendiò el sentido de su vida, el de cualquier vida.

Pero la imposibilidad de articular lenguaje humano le impidiò comunicar a alguien sus certezas; incluso, aunque hubiera podido hablar, ¿con quièn podrìa haberlo hecho?, ¿con el padre todopoderoso nuevamente dueño de sì mismo; con la madre postrada a causa de la verguenza; con la hermana indiferente; con la criada impertinente que gozaba hacièndolo sufrir?...

Gregor permaneciò en su sòrdido rincòn, con el acerbo sabor de la recièn adquirida experiencia latièndole en la boca hasta que, al filo de la madrugada, casi sin darse cuenta, muriò...

Bufòn.

Ciudad

A. recorriò las calles deshojadas, la ciudad de repente silenciosa, congelada, sòlo para constatar, con un indicio de pànico ardiendo entre su pecho, que era el ùnico habitante de una ciudad abandonada...

La ciudad

Al final, la ciudad se convirtiò en el hàbitat marchito de una marea en constante movimiento de desposeìdos fantasmas grises, algunos como jirones de telas sucias aleteados por la brisa, otros como hojas de papel o restos de empaques de pasabocas arrastrados calle abajo; o como pequeñas nubes negras del humo del escape de un motor a gasolina, barridos por el viento...

04-05-07

Espejos

Espejos

La magia de los espejos era poderosa en ese paìs. Al abocarse a los espejos y a travès de ellos, las personas podìan establecer contacto con los muertos y los ausentes; pero sobre todo, mirando su propio reflejo en las aguas congeladas, podìan comunicarse consigo mismos...

Bufòn.

Rocky Lunario

Rocky Lunario

          ¡Ay!, destructores de los muros de vuestra casa

          que en un amargo reinar teníasis puesto los ojos.

          Esquilo.

Rocky Lunario estaba impaciente porque su provisión de chicle se había terminado. (...)

Miró allá arriba la Tierra llena y su depósito de oxígeno se llenó de nostalgia al presentir los lugares más queridos que albergaba su detector de recuerdos (...) echó rabiosamente de menos la piscina, el sol, los largos muslos de las bañistas en el Privette Club de Fort Lauderdale, a dónde solía escaparse cada vez que le daban un respiro en el entrenamiento los lanzacohetes de la base. Después de muchos ensayos infructuosos la cosa había resultado y los relevos comenzaron inmediatamente. Cada hombre podía permanecer un año en la base lunar, y cuando llegó su turno ya estaban listas todas las instalaciones dispuestas para descubrir satélites extraños, explosiones atómicas en el ámbito terrestre, interceptores de cohetes piratas y la gigantesca plataforma de misiles, que debía estar siempre lista para entrar en acción y que había garantizado a su país supremacía total.

(...)

Sus deberes consitían primordialmente en pasar revista al inmenso tablero de control lunar,que daba los datos exactos sobre el funcionamiento de toda la instalación atómica...(...)

La luna entre Rocky Lunario y el hastío no era nueva, sin embargo.

(...)

Encaminó sus pasos, extrañamente ágiles bajo la envoltura de oso polar, hacia el ciclotrón que parecía una inmensa clepsidra tendida en el mar de  polvo blanquecino.

(...)

Al llegar  frente a la estrecha puerta de metal, accionó  con soltura el mecanismo disimulado que,  al mismo tiempo que desconectaba el sitema automático de defensa, abría la puerta blindada de esteatita. Pasó por el estrecho vestíbulo y subió a grandes brincos deportivos la escalera de caracol, hasta llegar al control de mando.

(...)

Se acomodó en el sillón central y se quitó los guantes y la escafandra (...) Sus dedos tamborilearon sobre las teclas del tablero de mando, que accionaban el lanzamiento de los proyectiles.

Al apretar la tecla central- la de potencia máxima- quedó asombrado al no escuchar ningún ruido. Dos segundos más tarde vió elevarse al silencioso misil .

Tardaría doce horas en llegar.

Del bolsillo trasero del pantalón sacó el cuaderno de tiras cómicas (...) y se dispuso a esperar el momento en que la Tierra fuera borrada del firmamento.

René Rebetez.