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Bilbo

La espada la colgò sobre la repisa de la chimenea. La cota de malla fue colocada sobre una plataforma en el vestìbulo (...) El anillo màgico lo guardò muy en secreto (...)
Se dedicò a escribir poemas y a visitar a los elfos...
J R R Tolkien.
El Hobbit.
La muerte de Smaug

Un cuervo enorme y centenario (...) Se posò rìgido en el suelo ante ellos (...)
-(...) Hay grandes noticias en el sur. (...) Se ha corrido la voz de que Smaug ha muerto (...) mientras luchaba con los hombres de Esgaroth.
J R R Tolkien.
El Hobbit.
Smaug

Allì yacìa, un enorme dragòn aureorrojizo, que dormìa profundamente; de las fauces y narices le salìa un ronquido, e hilachos de humo, pero los fuegos eran apenas unas brasas llameantes. Debajo del cuerpo y las patas y la larga cola enroscada, y todo alrededor, extendiendose lejos por los suelos invisibles, habìa incontables pilas de preciosos objetos, oro labarado y sin labrar, gemas y joyas, y plata que la luz teñìa de rojo.
Samug yacìa, con las alas plegadas como un inmenso murcièlago, medio vuelto de costado, de modo que el hobbit alcanzaba a verles la parte inferior, y el vientre largo y pàlido incrustado con gemas y fragmentos de oro de tanto estar acostado en ese lecho valioso.
J R R Tolkien
El Hobbir.
El Ancho Mundo

En el Ancho Mundo los Elfos del Bosque disfrutaban de los crepusculos del sol y la luna, pero preferian las estrellas, e iban de un lado a otro por los bosques enormes que crecìan en tierras ahora perdidas. Habitaban la mayor parte del tiempo en los lìmites de las florestas, de donde salìan a veces para cazar o cabalgar y correr por los espacios abiertos a la luz de la luna o de los astros; y luego de la llegada de los Hombres, se aficionaron màs y màs al crepusculo y a la noche. Sin embargo, eran y siguen siendo elfos, y esto significa Buena Gente.
J R R Tolkien.
El Hobbit
Elfos del bosque

Los elfos no son malos, pero desconfìan de los desconocidos (...) Aunque dominaban la magia, andaban siempre con cuidado. (...)
Distintos de los altos Elfos del Poniente, eran màs peligrosos y menos cautos, pues muchos de ellos (...) descendian de la stribus antiguas que nunca habìan ido a la tierra occidental de las Hadas. Allì los Elfos de la Luz, los Elfos del Abismo y los Elfos del Mar vivieron durante siglos y se hicieron màs justos, prudentes y sabios, y desarrollaron artes magicas, y la habilidad de crear objetos hermosos y maravillosos, antes que algunos volvieran al Ancho Mundo.
J R R Tolkien.
El hobbit.
El Bosque Negro

-No hay senderos seguros en esta parte del mundo. Recuerda que estàs ahora en las fronteras delas tierras salvajes, expuesto a todo, (...). Antes que pudieras bordear el Bosque Negro por el norte, te encontraràs justo entre las laderas de las Montañas Grises, plagadas de trasgos, bobotrasgos y orcos de la peor especie. Antes que pudieras bordearlo por el sur, te encontrarìas en el paìs del Nigromante (...) ¡No os aconsejo que os acerquèis a los lugares dominados poe esa torre sombrìa!
J R R Tolkien
El Hobbit
El Bosque Negro

....El camino que cruza el Bosque Negro es oscuro, peligroso y arduo (...). No es fàcil encontrar agua allà, ni comida. (...) Las nueces son lo ùnico que se puede comer en esos sitios; las cosas silvestres son allì oscuras, extrañas y salvajes (...) Sè que hay un arroyo, negro y caudaloso, que cruza el sendero. No bebàis ni os bañèis en èl, pues he oìdo decir que produce encantamientos, somnolencia y pèrdida de la memoria. Y entre las tenebrosas sombras del lugar no me parece que podàis cazar algo que sea comestible o no comestible, sin extraviaros.
J R R Tolkien.
El Hobbit.
Wargos

Así se llamaban los lobos de más allá del Yermo (...)
Wargos y trasgos colaboraban a menudo en accione sperversas. (...) Conseguían a menudo que los wargos los ayudasen, y se repartían el botín.
A veces cabalgaban en lobos, así como los hombres montan en caballos.
J R R Tolkien.
El Hobbit.
El Anillo

En seguida sonó un aullido que helaba la sangre, un grito de odio y desesperación. Gollum estaba derrotado. (...) Había perdido su presa, y había perdido también la única cosa que había cuidado alguna vez, su precioso. El aullido dejó a Bilbo con el corazón en la boca.
-¡Ladrón (...)! ¡Bolsón! ¡Lo odiamos, (...) lo odiamos para siempre!
J R R Tolkien.
El Hobbit.
Gollum

No muy lejos estaba su isla (...); y allì, en un escondrijo, guardaba algunas sobras miserables y una cosa muy hermosa, (...) Tenìa un anillo, un anillo de oro, (...)
Lo querìa porque era un anillo de poder, y si os lo ponìais en el dedo, erais invisibles. Sòlo a plena luz del sol podrìan veros, y sòlo por la sombra, temblorosa y tenue.(...)
Pero nadie sabe còmo Gollum habìa conseguido aquel regalo, hacìa siglos, en los viejos dìas cuando tales anillos abundaban en el mundo. Quizà ni el propio Amo que los gobernaba a todos podìa decirlo.
J R R Tolkien.
El Hobbit.
Bilbo y Gollum

Gollum vivia en verdad en una isla de roca barrosa en medio del lago. Observaba a Bilbo desde lejos (...) Bilbo no podía verlo.
-¡Bendícenos y salpícanos, precioso mío! Me huelo un banquete selecto; (...) ¡Gollum! -Y cuando dijo Gollum hizo con la garganta un ruido horrible como si engullera. Y así fue como le dieron ese nombre, aunque él siempre se llamaba a sí mismo "precioso mío". (...) Siempre se hablaba a sí mismo, porque no tenía ningún otro con quien hablar.
J R R Tolkien
El Hobbit.
Gollum

Aquì abajo junto al agua lòbrega vivìa el viejo Gollum, una pequeña y viscosa criatura. No sè de dònde habìa venido ni quièn era o què era. Era Gollum: tan oscuro como la oscuridad, excepto dos grandes ojos redondos y pàlidos en la cara flaca. (...) Los ojos pàlidos e inexpresivos buscaban peces ciegos alrededor, y los atrapaba con los dedos largos (...) Le gustaba tambièn la carne. Los trasgos le parecìan buenos, cuando podìa echarles manos (...). Los estrangulaba por la espalda si alguna vez bajaba uno de ellos hasta la orilla del agua.
El Hobbit.
J R R Tolkien.
Perdido en el tùnel de los trasgos
Cuando Bilbo abriò los ojos, se preguntò si en verdad los habìa abierto, pues todo estaba tan oscuro como si los tuviese cerrados. No habìa nadie cerca de èl (...) No podìa ver nada, ni oìr nada, ni sentir nada, excepto la piedra del suelo. (...) Tratò de orientarse de algùn modo, y se arrastrò largo trecho hasta que de pronto tocò con la mano algo que parecía una nillo pequeño, frío y metálico, en el suelo del túnel. (...) Casi sin darse cuenta se metió la sortija en el bolsillo.
J R R Tlkien.
El Hobbit.
Trasgos
Los trasgos comen caballos y poneys y burros (...) , y siempre tienen hambre. (...) Los trasgos son crueles, malvados y de mal corazòn. (...) Pueden excaver tùneles y minas tan bien como cualquier enano no demasiado diestro (...), aunque comùnmente son desaseados y sucios. Martillos, hachas, espadas (...), y tambièn instrumentos de tortura, los hacen muy bien, o consiguen que otra gente los haga, prisioneros o esclavos obligados a trabajar hasta que mueren por falta de aire y luz. Es probable que ellos hayan inventado algunas de las màquinas que desde entonces preocupan al mundo, en espacial ingeniosos aparatos que matan enormes cantidades de gente de una vez, pues las ruedas y los motores y las explosiones siempre les encantaron, como tambièn no trabajar con sus propias manos màs de lo indispensable.
J R R Tolkien.
El Hobbit.
Trasgos

(...) Por alguna razón, Bilbo no pudo dormirse hasta muy tarde (...). Soñó que una grieta en la pared del fondo de la cueva se agrandaba (...)
En ese momento despertó con un horrible sobresalto y se encontró con que parte del sueño era verdad. Una grieta se había abierto al fondo de la cueva y era ya un pasadizo ancho (...) Por supuesto, lanzó un chillido estridente. (...)
Afuera saltaron los trasgos, trasgos grandes, trasgos enormes de cara fea (..); y los apresaron a todos y los llevaron por la hendedura, (...)
Pero no a Gandalf. (...) Cuando los trasgos iban a ponerle las manos encima, hubo un destello terrorífico como un relámpago en la cueva, un olor como de pólvora, y varios cayeron muertos.
La grieta se cerró de golpe ¡ y Bilbo y los enanos estaban en el lado equivocado!
J R R Tolkien
El Hobbit.
Elrond
Y así llegaron por fin a la Ultima Morada y encontraron las puertas abiertas de par en par (…)
El dueño de la casa era amigo de los elfos, una de esas gentes cuyos padres aparecen en cuentos extraños, anteriores al principio de la historia misma, las guerras de los trasgos malvados y los elfos, y los primeros hombres del Norte (…) Elrond, era el dueño de casa, era el jefe de todos ellos. Era tan noble y de facciones tan hermosas como un señor de los elfos, fuerte como un guerrero, sabio como un mago, venerable como un rey de los enanos, y benévolo como el estío.
J R R Tolkien
El Hobbit
Elfos
Eran elfos, desde luego. Pronto Bilbo empezó a distinguirlos, a medida que aumentaba la oscuridad. Le gustaban los elfos (...), pero al mismo tiempo lo asustaban un poco. Los enanos no se llevaban bien con aquellas criaturas, pensaban que los elfos eran tontos (un pensamineto muy tonto, por cierto), o se enfadaban con ellos. Pues algunos elfos les tomaban el pelo y se reían de los enanos, y sobre todo de sus barbas. (...)
Los elfos saben mucho y es asombroso cómo están enterado de lo que ocurre entre las gentes de la tierra, pues las noticias corren entre ellos ten rápidas como el agua de un río, o tal vez más.
J R R Tolkien
El Hobbit.
La Montaña Solitaria de Oriente
-¿Es aquella la Montaña?- preguntó Bilbo (...)
-¡Desde luego que no!- dijo Balin-. Esto es sólo el preincipio de las Montañas Nubladas, tenemos que cruzarlas de algún modo, por encima o por debajo, antes de que podamos internarnos en las Tierras Asperas de más allá. Y aún queda un largo camino desde el otro lado hasta la Montaña Solitaria de Oriente en la que Smaug yace tendido sobre el tesoro.
J R R Tolkien.
El Hobbit.
Gandalf
-¿Dónde has ido, si puedo preguntártelo?- dijo Thorin a Gandalf mientras cabalgaban.
-A mirar adelante- respondió Gandalf.
-¿Y qué te hizo volver en el momento preciso?
-Mirar hacia atrás.
J R R Tolkien.
El Hobbit
Las Montañas Nubladas
Gandalf encabezaba ahora la marcha.
-(...) Es muy importante internarse en las Montañas Nubladas por el sendero apropiado, o de lo contrario os perderèis y tendrèis que volver a empezar de nuevo por el principio ( si llegàis a volver). (...) Habèis llegado a los lìmites mismos de las tierras salvajes (...)
Oculto en algùn lugar delante de nosotros està el hermosos valle de Rivendel, donde vive Elrond en la Ùltima Morada.
J R R Tolkien.
El Hobbit.
Trolls
-¡Que el amanecer caiga sobre todos y que sea piedra para vosotros!- dijo una voz (...) En ese preciso instante, la aurora apareció sobre la colina y hubo un bullicioso gorjeo en la enramada. Guille ya no dijo nada más, pues se convrtió en piedra mientras se encorvaba, y Berto y Tom se quedaron inmóviles como rocas cuando lo miraron.
Y allí están hasta nuestros días, solos (...); pues los trolls (...) tienen que estar bajo tierra antes del alba, o vuelven a la materia montañosa de la que están hechos, y nunca más se mueven. Esto fue lo que ocurrió a Berto, Tom y Guille.
J R R Tolkien.
El Hobbit
El dragòn y los enanos
-¡Oh,muy bien- dijo Thorin- Hace mucho, en tiempos de mi abuelo Thror, nuestra familia fue expulsada del lejano Norte y vino con todos sus bienes y herramientas a esta Montaña del mapa (...) abirieron túneles y construyeron galerías y talleres más grandes... y creo además que encontraron gran cantidad de oro y piedras preciosas. De cualquier modo se hicieron inmensamente ricos, (...)
Sin duda eso fue lo que atrajo al dragón. Los dragones, sabéis, roban oro y joyas a los hombres, elfos y enanos dondequiera que puedan encontrarlos, y guardan el botín mientras vivan (lo que en la práctica es para siempre, a menos que los maten), y ni siquiera disfrutan de un anillo de hojalata. En realidad apenas distinguen una pieza buena de una mala. (...) Había un gusano que era muy ambicioso, fuerte y malvado, llamado Smaug. Un día echó a volar y llegó al Sur. (...) Después de eso no quedó enano vivo dentro, y el dragón se apoderó de todas las riquezas. Quizás, pues es costumbre entre los dragones, haya apilado todo en un gran montón muy adentro y duerma sobre el tesoro, utilizándolo como cama.
El Hobbitt
J R R Tolkien.
Hobbit
Pero ¿qué es un hobbit? Supongo que los hobbits necesitan hoy que se los describa de algún modo, ya que se volvieron bastante raros y tímidos con la Gente Grande, como nos llaman. Son (o fueron) gente menuda de la mitad de nuestra talla, y más pequeños que los enanos barbados. Los hobbits no tienen barba. Hay poca o ninguna magia en ellos, excepto esa común y cotidiana que los ayuda a desaparecer en silencio y rápidamente, cuando gente grande y estúpida como vosotros o yo se acerca sin mirar por dónde va, con un ruido de elefantes que puede oírse a una milla de distancia. Tienden a ser gruesos de vientre; visten de colores brillantes (sobre todo verde y amarillo); no usan zapatos, porque en los pies tienen suelas naturales de piel y un pelo espeso y tibio de color castaño, como el que les crece en la cabeza (que es rizado); los dedos son largos, mañosos y morenos, los rostros afables, y se ríen con profundas y jugosas risas (especialmente después de cenar, lo que hacen dos veces al día, cuando pueden).
J. R. R. Tolkien
La casa del Hobbit
En un agujero en el suelo, vivía un hobbit. No un agujero húmedo, sucio, repugnante, con restos de gusanos y olor a fango, ni tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en que sentarse o que comer: era un agujero-hobbit, y eso significa comodidad.
Tenía una puerta redonda, perfecta como un ojo de buey, pintada de verde, con una manilla de bronce dorada y brillante, justo en el medio. La puerta se abría a un vestíbulo cilíndrico, como un túnel: un túnel muy cómodo, sin humos, con paredes revestidas de madera y suelos enlosados y alfombrados, provistos de sillas barnizadas, y montones y montones de perchas para sombreros y abrigos; el hobbit era aficionado a las visitas. El túnel se extendía serpeando, y penetraba bastante, pero no directamente, en la ladera de la colina —La Colina, como la llamaba toda la gente de muchas millas alrededor—, y muchas puertecitas redondas se abrían en él, primero a un lado y luego al otro. Nada de subir escaleras para el hobbit: dormitorios, cuartos de baño, bodegas, despensas (muchas), armarios (habitaciones enteras dedicadas a ropa), cocinas, comedores, se encontraban en la misma planta, y en verdad en el mismo pasillo. Las mejores habitaciones estaban todas a la izquierda de la puerta principal, pues eran las únicas que tenían ventanas, ventanas redondas, profundamente excavadas, que miraban al jardín y los prados de más allá, camino del río.
J. R. R. Tolkien
El Hobbit